Lo importante es dictar una Ley que cree los incentivos para un desarrollo pleno en un área en la que debemos ser lideres

Luego de largas negociaciones entre las asociaciones de productores, las empresas productoras de semillas y las autoridades del Ministerio de Agroindustria, se ha llegado a un acuerdo para enviar al Congreso una nueva ley de Semillas.

Siendo la agricultura una actividad central para la economía argentina, donde se ha logrado un grado de desarrollo y eficiencia igual e incluso superior a los países más desarrollados, esta será una de esas leyes que aunque no capturen la portada de los diarios tendrá una importancia y una repercusión enorme. Se trata, en primer lugar, de mantener una ventaja tecnológica clave para nuestra competitividad (Argentina es el tercer productor mundial de alimentos luego de Estados Unidos y Brasil) y crear las condiciones para un entorno vibrante de innovación en semillas en Argentina, para lo cual estamos bien dotados de recursos humanos, universidades, institutos y emprendedores.

El peligro es que la discusión caiga en una de las viejas trincheras en las que normalmente nos empantanamos o la ley no sea valorada por si misma sino como puro elemento de toma y daca político dentro de la dinámica legislativa.

Los puntos centrales de la ley son el uso propio, el uso oneroso y la Autoridad de control.

Para entender el eje de la discusión primero es importante saber que podemos clasificar las semillas en forma sencilla en Híbridos y Variedades. Los híbridos son muy comunes en Maíz y Girasol y son producto de un cruzamiento realizado para esa generación. En los cultivos a escala es muy importante la uniformidad entre los individuos, una hectárea con maíz tiene 50.000 plantas y todos estos individuos deben madurar al mismo tiempo o tener el mismo potencial de rinde, por ejemplo. Estas características no pasan de una generación a otra en un híbrido y si se vuelven a plantar se segregan las distintas características de las líneas paternas creando un cultivo des-uniforme y difícil de manejar. Por esta razón el productor compra la bolsa de semilla nueva de estos híbridos año a año.

Las Variedades son estables, de modo que el productor puede guardar algo de su cosecha, limpiarla, calibrarla y usarla como semilla para el año siguiente. Esto constituye el Uso Propio.

El problema con el uso propio es que el gasto de investigación, desarrollo y adaptación de una nueva variedad es muy alto. Una nueva variedad, con alguna característica que la distinga de las anteriores, puede obtenerse por cruzamientos como tradicionalmente se hizo o últimamente agregando una porción de ADN al genoma que exprese alguna característica deseada mediante ingeniería genética. Ambas formas llevan mucho tiempo de investigación, fijación de caracteres, aprobación e inscripción. Por dar un ejemplo, un grupo de productores salteños han creado un fideicomiso para obtener mediante cruzamientos resistencia a dos enfermedades y un hongo que afectan al poroto. Contrataron los servicios de un investigador de primer nivel mundial y alquilaron instalaciones en la Universidad de Idaho y en Puerto Rico, amén de crear una red de ensayos en sus fincas. Llevan 8 años y dos millones de dólares invertidos y probablemente estén a cuatro de obtener variedades registrables.

Si toda esta inversión se tuviera que recuperar en la primera bolsa que se vende, la misma valdría una fortuna y sería inviable. La alternativa que propone la ley es el Uso Propio Oneroso, donde el productor puede sembrar y reproducir el fruto de su cosecha pagando una regalía o canon por la tecnología. Se retribuye así la propiedad intelectual en la medida que se la usa, más o menos como sucede con la reproducción comercial de una canción

En EEUU, por ejemplo, está prohibido el uso propio, en Brasil existe el uso propio oneroso. En Argentina, hasta la fecha, no hay una adecuada custodia y retribución de la propiedad intelectual, tema que se torna cada vez mas importante en las relaciones comerciales internacionales. Esto ha tenido varias consecuencias: empresas líderes argentinas como Don Mario Semillas, trabajan más para Brasil que para variedades adaptadas a Argentina. El INTA, que es la organización con mas variedades registradas en Argentina (le sigue Nidera Semillas, recientemente comprada por los chinos) ha encontrado una fuente interesante de ingresos vendiendo en Brasil variedades de arroz desarrolladas en conjunto con productores de Entre Rios.

Con respecto a los grandes laboratorios internacionales, el único que cobra regalías hoy día es Monsanto, merced a la patente que tiene sobre el conjunto de genes Intacta que sirve para evitar fumigaciones de insecticidas en soja, ya que la planta repele la oruga. Los productores que usan Intacta firman un contrato y pagan un canon. En espera de la sanción de la ley, existen muchas otras innovaciones útiles de Dow, Syngenta , Bayer y otros que no se venden en el mercado argentino, lo que crea una desventaja competitiva, en especial en toda la nueva frontera agropecuaria donde las condiciones para los cultivos son más agresivas, esto es desde el Norte de Córdoba y Santa Fe hasta Salta.

Hoy día existe la tecnología para detectar rápidamente una constitución genética que identifica una variedad. La tercer pata de la ley es el fortalecimiento del INASE (Instituto Nacional de Semillas), como autoridad estatal que determine esta presencia y por lo tanto valide la propiedad intelectual. Hay que pensar que así como un auto tiene variados componentes desarrollados por firmas diversas, las semillas modernas tienen y tendrán más aun en el futuro distintos genes y características desarrolladas por distintas firmas.

Por último y quizás lo más importante es lograr una ley que cree un ambiente vibrante para la innovación. Así como el campo utiliza cada vez menos mano de obra sin calificación, también es cierto que usa cada vez mas productos industriales, informaticos y genéticos. Esto último abre una gran posibilidad al país: en un rubro en el que tiene una buena marca, cuenta con una tradición en investigación biológica, una red de científicos y técnicos, un instituto de extensión como el INTA y un productor ávido de incorporar tecnología . Empresas innovadoras como Bioceres ya han sido capaces de producir semillas de Cártamo con citosina, una proteína del estomago del ternero que se utiliza en la industria láctea , o trigos resistentes a sequía. En todo el país y en prácticamente todos los rubros hay experimentación y evaluación por parte de semilleros y productores.

Las rencillas internas, las ambiciones políticas, las posiciones “principistas” tanto de izquierda como de derecha dentro de las organizaciones de la Mesa de Enlace, los intereses particulares de cada empresa, son en definitiva anécdotas de este proceso que podrían llenar un libro, pero serán en definitiva irrelevantes.

Lo importante es dictar una Ley que cree los incentivos para un desarrollo pleno en un área en la que debemos ser lideres.

Ingeniero Santiago Bayón

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