En Argentina se han empezado a medir casos de violencia de género desde el 2013, según los resultados, los hechos de esta índole se cuadruplicaron en 4 años: pasaron de 22.577, en el 2013, a 86.700, en el 2017.

Otro dato alarmante es la confirmación de que la gran mayoría de los violentos son familiares de las víctimas. Por ejemplo, en el 82,7% de los hechos, el agresor es la pareja (45,8%) o ex pareja (36,9%). Entre las adolescentes de 14 a 19 años, los violentos son los padres (17,3%) y en mujeres de 50 años y más, son los hijos (46%).

Además, el estudio arroja que la víctima convive con el agresor en el 76,8% de los casos cuando se trata de una pareja.

Además de estos datos que nos pegan un puñetazo en la cara y nos avergüenzan, se está develando el otro tipo de violencia de género la violencia en el abuso de poder. Desde la movilización de las mujeres por la legalización del aborto, se ha puesto en el tapete las diferencias de género en favor de los hombres.

En nuestra redacción quisimos (los hombres) hacer una reflexión para el cierre de este año, alejados de la política partidaria, ya que estos temas nos convocan a hacernos cargo de un pasado que nos determina y de un presente que nos exige CAMBIOS YA ¡!!

A continuación reproducimos un extracto de un reportaje a Norma Sanchís, socióloga especialista en economía y género, publicado en Infobae: “…Un ejemplo: cuando un chico se enferma, por más que padre y madre estén trabajando en simultáneo, es la madre la que suele quedarse, la que se ocupa de la escuela y los deberes escolares, de los controles médicos, etc. Entonces, persiste ese modelo donde las mujeres son las que se hacen cargo de la reproducción y del cuidado de los dependientes de la familia. Y esto las condiciona en su inserción en el mercado de trabajo remunerado en dos sentidos. Por un lado son ellas mismas las que a veces se retraen en su desempeño en el mercado de trabajo, deciden no postular a un puesto de más responsabilidad o de más jerarquía que implique viajes, porque eso no les permitiría conciliar esa tensión que sienten entre la familia y el trabajo remunerado. Pero por otro lado están las instituciones. Las empresas, los empleadores, el mercado: las instituciones que son portadoras de género y que parten de esos prejuicios y preconceptos y siempre van a preferir a un hombre. Entonces, aquí hay una cuestión de distribución muy injusta entre los sexos, desequilibrada, que pone a las mujeres en lugares desventajosos en el mercado de trabajo, peor remuneradas, que hace que trabajen menos horas de las que quisieran trabajar. Todo su desempeño laboral está condicionado por estas construcciones de género, que persisten y que son muy difíciles de modificar.”

Allí describe con una claridad meridiana el lugar en el que están las mujeres aún.

Todo esto viene a cuento de la situación de las mujeres, en el mundo y en especial en la Argentina. Con los hechos recientes de denuncias de violaciones, abuso, acoso, discriminación que han realizado un grupo de valientes mujeres, ha estallado frente a nosotros (a la sociedad) un problema que venía siendo ocultado, manejado, “administrado” de modo tal que no explotara; pero explotó y cómo!!!.

Frente a esta explosión y fundamentalmente desde un lugar de opinión y reflexión política, no podíamos desentendernos y mucho menos restarle importancia. Pero no queríamos abordarlo desde un lugar o la visión de un delito tipificado en un código de justicia, sino que queríamos ir al fondo de la cuestión, ¿porqué se somete a ese trato a las mujeres?

No hizo falta reflexionar demasiado, apareció con toda la fuerza la explicación (o por lo menos una, creemos que la más firme) de ese porqué: “El Poder”, si así sin más el Poder del hombre sobre la mujer, ese mecanismo que se reproduce para sostener en la cúpula a los dueños de la vida, las formas, las costumbres de nuestra sociedad. Ese mecanismo que permite a quien se encuentra en la cima de esa “cúpula” simbólica ejercer el mandato “soberano” sobre las acciones de sus súbditos, aquí debería ser “súbditas”.

El poder en el seno familiar: “el jefe de la familia” o el “hombre de la casa”; en el trabajo el: “capo”, en la política: “el conductor”, en todos lados “el macho”.

Y entonces cuando vemos, sentimos que se critica la virulencia de los reclamos de las mujeres, nos detenemos a escucharlas y a percibir esos reclamos y en ellos sobresale este grito:

¡¡¡estamos luchando por el derecho a que nos reconozcan como seres humanas!!!,

y al ver esto tan explícito delante de nuestros ojos decimos: hay que luchar con toda la fuerza y con todas las herramientas para que las mujeres de una vez y para siempre logren ser reconocidas y tratadas como seres humanas con todos los derechos, NI UNO MENOS, y que jamás de ahora en adelante tengan que recurrir a los sometimientos de los hombres para ejercer con total plenitud esos derechos.

Y que en definitiva los hombres las dejemos de joder y seamos realmente seres dignos de caminar a su lado.

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